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miércoles, 12 de julio de 2017

LA BÚSQUEDA capt II



Mi búsqueda empezó, desde ese día, salía todas las noches a la misma hora de la universidad. Me sentaba exclusivamente en la parte de atrás, desde donde observaba todo, gente que conversaba animadamente, otros ensimismados y muchos dormitando. Afuera, en la calle, el parque universitario, a oscuras con muchos noctámbulos merodeando. No me interesó el reloj del obelisco porque hacía mucho que estaba malogrado. Pero, sí la gente, había muchos pordioseros cargando cartones y periódicos para acomodarse en las bancas, algunos con niños a su lado. Otros como los pájaros fruteros parados en grupo, esperando a sus víctimas para robar, ésta era la Lima de los ochenta, no había trabajo, sólo miseria y en medio de todo eso, yo un loco enamorado. Una semana pasó y perdí la esperanza de encontrarla. Entonces, decidí tomar otras acciones, esperar en la avenida Wilson, lugar donde me dijo que estudiaba secretariado. Una semana pasé esperando en el paradero de la calle Bolivia, hasta que una noche vislumbré su cabellera lacia de color acaramelado en el bus.
- Es ella- pensé- está justo en la parte central del bus. Corrí desesperado, igual que otros muchachos que salían de sus academias, pero tal era el alboroto y los empujones que apenas sostuve el estribo, lo solté porque el bus arrancó, dejando como a siete personas delante de mí. Apesadumbrado, sólo vi cómo el carro se iba sin pretensiones de parar, llevando a varios pasajeros colgados de los estribos y con ellos la esperanza de verla.
Cogí el último carro, no había muchos pasajeros, pagué mi pasaje y el cobrador me cobró el doble.
-¡Ya es madrugada y es otro precio!- me dijo enojado.
-No te preocupes - le dije, busqué mi billetera y no estaba, me la habían robado, quizás mientras nos arremolinamos en la puerta del bus.
-¡Me han robado!- dije en voz alta
-¡Ese cuento ya lo sé ! -  me dijo enfurecido el cobrador- si no tienes, ¡bájate ya!
Rebusqué mis bolsillos y  encontré unos rines , que servían para llamar por teléfono público.
Tengo esto- le mostré- sabes que vale más que un pasaje,
-¡Pendejo!- me dijo, mientras guardaba los rines en su bolsillo- la próxima te bajo
Sólo lo miré, mientras se iba y supe entonces que las noches en Lima eran muy peligrosas y esa no era la manera de encontrarla y planeé una segunda estrategia: “esperarla en el último paradero”.
-¡Dios, dame una señal!- me dije- Si no la encuentro, será que no es mi destino y tiraré la toalla, creeré que fue sólo un evento fortuito del destino.
Era Julio y el invierno azotaba Lima con un intenso frío, inusual, tiritando esperaba ilusionado encontrarla y después de dos días, me prometí olvidar esta búsqueda, y así fue, llegó el día Viernes eran las 12 de la noche cuando desanimado por completo decidí regresar a casa, pero inesperadamente apareció. Bajó lentamente del bus y volví a sentir la vida, me quedé sin aliento y mudo. Quise hablar y no pude.
¡Qué torpe!- pensé, mientras veía como se escapaba de mis manos la única posibilidad de hablarle.
-Hola- susurré- tímidamente, mientras se me hacía un nudo en la garganta. No podía tampoco gritar, pero se iba, sin mirarme, sin reconocerme.
-¿Quizás se  olvidó de mí?- recordé que sólo unos minutos la había visto y no fue un tiempo suficiente para recordar mi rostro.
La seguí, unos metros hasta que pude hablar y decirle
-¿No te acuerdas de mí?-  le hablé lo suficiente cerca para obligarla a detenerse. Poco a poco dio media vuelta, hasta que me miró fijamente.

(Continuará…)
Published: By: manuel - 9:20 a.m.

martes, 4 de julio de 2017

"LA DESCONOCIDA" capítulo I


Mi nombre es Javier, soy un estudiante universitario, de cabellera larga, buen parecer, vestimenta holgada; de jeans, polo y zapatillas. Pago medio pasaje y casi todos los días pierdo horas, viajando y regresando de mi "alma mater". 
Confieso que la universidad fue mi segundo hogar, lugar donde siempre me esperaba María, una chica linda de ojos grandes con una personalidad encantadora que me hacía reír. ¿Qué más podía pedir? realmente tenía todo lo que se puede desear, amigos, la chica más popular, era un alumno promedio con trabajo estable en una productora de cine.
Todo iba bien, hasta que una noche algo extraño me sucedió, iba sentado en el bus y viajaba cansado, dormitando. Eran aproximadamente las once de la noche y como siempre las mismas personas desesperadas, pugnando por subir a un bus lleno, con un cobrador exigente que porfiaba que había suficiente espacio, aunque todos iban apretados. 
Acomodé mi folder sobre mis rodillas y estiré mis piernas. Esa noche no quise ceder el asiento a nadie, ni levantar la cabeza por temor a encontrar la mirada de alguna mujer adulta, suplicando con sus ojos tiernos que le ceda el asiento, situación a la que no me podía negar. Así que cerré mis ojos, pero sentí que alguien me miraba y me incomodaba. Pensé que esto le ocurre a  muchos, que cuando alguien te mira insistentemente te perturba, obligándote a mirar. Yo lo sentí,  pero me resistí a abrir los ojos, aunque no pude aguantar la curiosidad y atisbé por el reflejo de  la ventana y vi un rostro dulce cuya mirada chocó con la mía. Evité aquel encuentro y cerré más los ojos.
Mi destino estaba cerca  y muchos bajaban, incluso el señor pesado que me acompañó con la siesta, se levantó y al rato en su lugar, sentí una fragancia deliciosa, era de mujer, no percibí cuando se sentó, no apoyo ningún peso en mí, sino que mantenía su distancia. Quise voltear y verla, pero resistí. Quería escuchar la palabra mágica: “último paradero” para abrir los ojos y bajar,  pero la curiosidad me embargó antes y miré. No debí hacerlo, porque desde ese momento, me quedé prendado de ese rostro, el más bello que había visto. Su presencia me desconcertó tanto que no pude decir nada. Ella sintió mi mirada y al verme sonrió.
-¿Qué hora tienes? – me preguntó, con una voz muy delicada.
Miré la hora eran las doce de la noche. 
¡Dios¡ – me dije a mi mismo- es demasiado tarde. La miré fijamente  y descubrí unos lindos ojos acaramelados y una sonrisa perfecta, acompañada de un ligero cerquillo sobre la frente .
-Las doce – le respondí y no atiné a decir más. 
-¡Que bruto soy! – pensé, era mi oportunidad para empezar a conocerla, pero me quedé callado.
Sin embargo ella continuó
- ¿Vienes de estudiar?
-¡Sí!- le dije, algo más sereno y repregunté- Es muy tarde,  ¿no crees?
-Sí – me respondió- el carro demora demasiado.
-Bueno, es verdad
-“Último paradero”- interrumpió el cobrador. Era la primera vez que esa palabra que tanto anhelaba escuchar ahora la odiaba. Ella se levantó giró su rostro y me preguntó
-¿Bajamos?
-¡Claro! – le respondí, emocionado. Y más al ver que al pararse era tan alta como yo. Para mi era perfecta.
Mientras caminamos, averigüé que era una estudiante de secretariado y que trabajaba en un bufete de abogados en la avenida Wilson. No quise interrumpirla, quería vivir ese momento intensamente sólo caminamos unos minutos y parecía que ya la conocía. Ella sonreía de todo lo que le comentaba, me miraba una y otra vez como preguntándome: ¿Acaso no me reconoces? Créanme que busqué en mis recuerdos y juraría que no la conocía. Al menos no, a la chica que estaba a mi lado. Todo iba bien  hasta que la noté inquieta
- Mi mamá siempre me viene a buscar- me dijo, mirándome fijamente a los ojos.
- ¡Justo allí está!- señaló unos árboles y debajo una señora como de 45 años, parada, nos observaba con los brazos cruzados, enojada . Quise quedar en verla otro día, pero se despidió abruptamente.  No pude decirle nada y sólo vi que corría apresurada, dejando tras sí, sólo su aroma, tan encantador. Su mamá, le esperaba molesta, le increpó y ella sólo le explicaba moviendo las manos abruptamente. la mamá no le hizo caso y caminó dejándola atrás, por un instante, reparó y volteó a mirarme, sólo sonrió. Al verla caminar, alejándose de mí, sentí que algo me fue arrancado y supe ese momento que nunca podría descansar hasta no recuperar esas emociones que ella había despertado en mí. Esa noche regresé a casa completamente desconcertado. No sabía nada de ella, ni su nombre o dirección, ni en qué lugar trabajaba. Sólo tenía un dato que me permitiría volverla a ver,  subir al bus de  las 11 de la noche.
(Continuará...)
Published: By: manuel - 11:28 a.m.