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martes, 4 de julio de 2017

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"LA DESCONOCIDA" capítulo I


Mi nombre es Javier, soy un estudiante universitario, de cabellera larga, buen parecer, vestimenta holgada; de jeans, polo y zapatillas. Pago medio pasaje y casi todos los días pierdo horas, viajando y regresando de mi "alma mater". 
Confieso que la universidad fue mi segundo hogar, lugar donde siempre me esperaba María, una chica linda de ojos grandes con una personalidad encantadora que me hacía reír. ¿Qué más podía pedir? realmente tenía todo lo que se puede desear, amigos, la chica más popular, era un alumno promedio con trabajo estable en una productora de cine.
Todo iba bien, hasta que una noche algo extraño me sucedió, iba sentado en el bus y viajaba cansado, dormitando. Eran aproximadamente las once de la noche y como siempre las mismas personas desesperadas, pugnando por subir a un bus lleno, con un cobrador exigente que porfiaba que había suficiente espacio, aunque todos iban apretados. 
Acomodé mi folder sobre mis rodillas y estiré mis piernas. Esa noche no quise ceder el asiento a nadie, ni levantar la cabeza por temor a encontrar la mirada de alguna mujer adulta, suplicando con sus ojos tiernos que le ceda el asiento, situación a la que no me podía negar. Así que cerré mis ojos, pero sentí que alguien me miraba y me incomodaba. Pensé que esto le ocurre a  muchos, que cuando alguien te mira insistentemente te perturba, obligándote a mirar. Yo lo sentí,  pero me resistí a abrir los ojos, aunque no pude aguantar la curiosidad y atisbé por el reflejo de  la ventana y vi un rostro dulce cuya mirada chocó con la mía. Evité aquel encuentro y cerré más los ojos.
Mi destino estaba cerca  y muchos bajaban, incluso el señor pesado que me acompañó con la siesta, se levantó y al rato en su lugar, sentí una fragancia deliciosa, era de mujer, no percibí cuando se sentó, no apoyo ningún peso en mí, sino que mantenía su distancia. Quise voltear y verla, pero resistí. Quería escuchar la palabra mágica: “último paradero” para abrir los ojos y bajar,  pero la curiosidad me embargó antes y miré. No debí hacerlo, porque desde ese momento, me quedé prendado de ese rostro, el más bello que había visto. Su presencia me desconcertó tanto que no pude decir nada. Ella sintió mi mirada y al verme sonrió.
-¿Qué hora tienes? – me preguntó, con una voz muy delicada.
Miré la hora eran las doce de la noche. 
¡Dios¡ – me dije a mi mismo- es demasiado tarde. La miré fijamente  y descubrí unos lindos ojos acaramelados y una sonrisa perfecta, acompañada de un ligero cerquillo sobre la frente .
-Las doce – le respondí y no atiné a decir más. 
-¡Que bruto soy! – pensé, era mi oportunidad para empezar a conocerla, pero me quedé callado.
Sin embargo ella continuó
- ¿Vienes de estudiar?
-¡Sí!- le dije, algo más sereno y repregunté- Es muy tarde,  ¿no crees?
-Sí – me respondió- el carro demora demasiado.
-Bueno, es verdad
-“Último paradero”- interrumpió el cobrador. Era la primera vez que esa palabra que tanto anhelaba escuchar ahora la odiaba. Ella se levantó giró su rostro y me preguntó
-¿Bajamos?
-¡Claro! – le respondí, emocionado. Y más al ver que al pararse era tan alta como yo. Para mi era perfecta.
Mientras caminamos, averigüé que era una estudiante de secretariado y que trabajaba en un bufete de abogados en la avenida Wilson. No quise interrumpirla, quería vivir ese momento intensamente sólo caminamos unos minutos y parecía que ya la conocía. Ella sonreía de todo lo que le comentaba, me miraba una y otra vez como preguntándome: ¿Acaso no me reconoces? Créanme que busqué en mis recuerdos y juraría que no la conocía. Al menos no, a la chica que estaba a mi lado. Todo iba bien  hasta que la noté inquieta
- Mi mamá siempre me viene a buscar- me dijo, mirándome fijamente a los ojos.
- ¡Justo allí está!- señaló unos árboles y debajo una señora como de 45 años, parada, nos observaba con los brazos cruzados, enojada . Quise quedar en verla otro día, pero se despidió abruptamente.  No pude decirle nada y sólo vi que corría apresurada, dejando tras sí, sólo su aroma, tan encantador. Su mamá, le esperaba molesta, le increpó y ella sólo le explicaba moviendo las manos abruptamente. la mamá no le hizo caso y caminó dejándola atrás, por un instante, reparó y volteó a mirarme, sólo sonrió. Al verla caminar, alejándose de mí, sentí que algo me fue arrancado y supe ese momento que nunca podría descansar hasta no recuperar esas emociones que ella había despertado en mí. Esa noche regresé a casa completamente desconcertado. No sabía nada de ella, ni su nombre o dirección, ni en qué lugar trabajaba. Sólo tenía un dato que me permitiría volverla a ver,  subir al bus de  las 11 de la noche.
(Continuará...)

About manuel

Hola mi nombre es Richard Chile, soy escritor y autor de la novela "Misión Jericó", espero te guste esta historia.

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