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lunes, 18 de septiembre de 2017

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UNA SEMANA capt V


LA DESILUSIÓN
Al día siguiente la busqué, esperé pacientemente en la avenida Wilson, cerca de la torre de Lima, tiritando de frío y soportando una llovizna intensa que mojó por completo mi rostro, eran las siete de la noche cuando pasó cerca de mí, caminaba sin mirar, llevaba un pequeño bolso y vestía un vestido ceñido de color rosado, que encajaba perfectamente con su cabello acaramelado; La noche para mí se volvió una poesía al verla y mientras la seguía, logré exclamar su nombre.
-¡Isabela, Isabela!- no me escuchó, pues mi voz se confundió entre el bullicio de la gente.
Fui tras ella, pero  como si la gente se confabulara en mi contra tropezaba conmigo, impidiéndome acercarme, hasta que justo a unos metros para alcanzarla, levantó la mano y saludó en dirección opuesta a la mía.
-¡Aquí, aquí estoy!- dijo levantando su mano.
Del otro lado un joven de cabello ondulado, tez blanca y rostro enfadado la miró y ella acercándose se empinó y le dio un beso en la boca, él parecía enojado, le mostró el reloj de su muñeca y  tocaba con el índice insistentemente, su rostro no era nada amigable, la cogió de la mano y la llevó a través de las calles, casi jalándola. La vi humillada, siguiéndolo con el rostro desencajado y la mirada al suelo.
-¿Cómo intervenir?-pensé, mientras deseaba ser yo, él que la llevaba de la mano y que en vez de caminar humillada, vaya feliz, sonriendo, como lo hacía conmigo.
Perdí la cuenta del tiempo, siguiéndolos, estaba tan impactado que conforme caminaba los latidos de mi corazón disminuían, no tenía ojos para nadie, ni para nada, sólo los seguía, por inercia, hasta  que los perdí entre el gentío y dejé de seguirlos. Crucé la avenida Wilson atiborrado de buses y autos y me perdí entre el gentío.
Los días siguientes no tuve apetito, ni sueño, me encerré en mi cuarto y perdí el gusto por la calle, pero tenía que regresar  a la universidad. Poco a poco entré al salón y  Lisa  me lanzó una mirada despectiva y así continuó durante toda la clase, llamando la atención de todos, hasta del profesor. Casi toda la tarde se las pasó interviniendo y lanzando comentarios graciosos. Al salir convocó a una reunión en la cafetería
-Chicos, chicas que tal si pedimos cafecito inglés para todos- cogió de la mano a Suseth y todos la siguieron, menos yo, que sentí que no  ataba ni desataba al reunirnos todos y con ella. No podía dejarla mal parada, porque nadie sabía que habíamos terminado y entonces inventé una excusa.
- Yo lo siento – dije, mientras miraba el reloj- hoy no puedo, pero les juro que lo compensaré invitándoles una cafecito para todos. ¿Qué les parece?
-¡Bien!- gritaron todos.

Me alejé de todos y vi a Lisa abrazada de Suseth, ambas reían animosamente, mientras que yo salía apenado. Eran las 6 de la tarde, demasiado temprano, además era la primera vez que salía así de la universidad, ya que todas los atardeceres los pasaba con Lisa, abrazados, besándonos, compartiendo chistes, riéndonos de los profesores, de nuestros amigos, hablando de las tareas y de cómo conquistaríamos al mundo. Ahora me alejaba de ella, del grupo y encima completamente desilusionado, sin esperanza  porque Isabela tenía un novio y me dolía
Subí al bus, me senté y mientras  miraba las fábricas de la avenida colonial, me cogió el sueño. Hasta que sentí que alguien tocó mi hombro, levante el rostro y la vi, era Isabela, frente a mí, parecía que aún no despertaba. Si era un sueño, era el más hermoso que había tenido, sobre todo porque ahora ella me sonreía.
- ¿Me cedes el asiento?
- Claro- le dije y me levanté. No hablé, sólo la contemplé y así me quedé, hasta que ella.
-¿Qué?-me dijo sonriendo.
-Nada- le respondí.
-Créeme que todo esperaba, menos encontrarte.  
-¿Por qué?- sonrió
-Tu sabes- le dije- tu horario de regreso, es a partir de la medianoche.
-¡Ja jajá!- ¿Y cómo sabes tanto de mí?
-No me preguntes, yo me entiendo- le dije, mientras evitaba decirle que la busqué tanto que al final terminé enterándome de la verdad.
-Sabes que estoy feliz de verte- le dije mientras ella me respondía con una sonrisa.
- Tú también alegras mi noche- me dijo mirándome fijamente  a los ojos-pensé regresar triste a casa, pero ya ves, apareciste
Era otra, no era la misma que vi esa noche cabizbaja y apesadumbrada, pero no le dije nada sobre lo que había visto, quise que todo fluyera entre ella y yo sin explicaciones, así que me quedé callado, esperando que ella me contara, si quería hacerlo. Ambos en realidad teníamos mucho que explicar, pero la felicidad que sentía no la quería desperdiciar, sobre todo porque ahora sólo me quedaba una semana.



About manuel

Hola mi nombre es Richard Chile, soy escritor y autor de la novela "Misión Jericó", espero te guste esta historia.

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