LA DESILUSIÓN
Al día siguiente la busqué, esperé pacientemente en la
avenida Wilson, cerca de la torre de Lima, tiritando de frío y soportando una
llovizna intensa que mojó por completo mi rostro, eran las siete de la noche
cuando pasó cerca de mí, caminaba sin mirar, llevaba un pequeño bolso y vestía
un vestido ceñido de color rosado, que encajaba perfectamente con su cabello
acaramelado; La noche para mí se volvió una poesía al verla y mientras la
seguía, logré exclamar su nombre.
-¡Isabela, Isabela!- no me escuchó, pues mi voz se confundió
entre el bullicio de la gente.
Fui tras ella, pero como
si la gente se confabulara en mi contra tropezaba conmigo, impidiéndome acercarme,
hasta que justo a unos metros para alcanzarla, levantó la mano y saludó en dirección
opuesta a la mía.
-¡Aquí, aquí estoy!- dijo levantando su mano.
Del otro lado un joven de cabello ondulado, tez blanca y rostro
enfadado la miró y ella acercándose se empinó y le dio un beso en la boca, él
parecía enojado, le mostró el reloj de su muñeca y tocaba con el índice insistentemente, su
rostro no era nada amigable, la cogió de la mano y la llevó a través de las
calles, casi jalándola. La vi humillada, siguiéndolo con el rostro desencajado
y la mirada al suelo.
-¿Cómo intervenir?-pensé, mientras deseaba ser yo, él que la
llevaba de la mano y que en vez de caminar humillada, vaya feliz, sonriendo, como
lo hacía conmigo.
Perdí la cuenta del tiempo, siguiéndolos, estaba tan
impactado que conforme caminaba los latidos de mi corazón disminuían, no tenía
ojos para nadie, ni para nada, sólo los seguía, por inercia, hasta que los perdí entre el gentío y dejé de seguirlos.
Crucé la avenida Wilson atiborrado de buses y autos y me perdí entre el gentío.
Los días siguientes no tuve apetito, ni sueño, me encerré en
mi cuarto y perdí el gusto por la calle, pero tenía que regresar a la universidad. Poco a poco entré al salón
y Lisa
me lanzó una mirada despectiva y así continuó durante toda la clase,
llamando la atención de todos, hasta del profesor. Casi toda la tarde se las
pasó interviniendo y lanzando comentarios graciosos. Al salir convocó a una
reunión en la cafetería
-Chicos, chicas que tal si pedimos cafecito inglés para
todos- cogió de la mano a Suseth y todos la siguieron, menos yo, que sentí que
no ataba ni desataba al reunirnos todos y
con ella. No podía dejarla mal parada, porque nadie sabía que habíamos
terminado y entonces inventé una excusa.
- Yo lo siento – dije, mientras miraba el reloj- hoy no
puedo, pero les juro que lo compensaré invitándoles una cafecito para todos.
¿Qué les parece?
-¡Bien!- gritaron todos.
Me alejé de todos y vi a Lisa abrazada de Suseth, ambas reían
animosamente, mientras que yo salía apenado. Eran las 6 de la tarde, demasiado temprano, además era la primera vez que salía así de la universidad, ya que todas los atardeceres los pasaba con
Lisa, abrazados, besándonos, compartiendo chistes, riéndonos de los profesores,
de nuestros amigos, hablando de las tareas y de cómo conquistaríamos al mundo.
Ahora me alejaba de ella, del grupo y encima completamente desilusionado, sin esperanza
porque Isabela tenía un novio y me dolía
Subí al bus, me senté y mientras miraba las fábricas de la avenida colonial,
me cogió el sueño. Hasta que sentí que alguien tocó mi hombro, levante el
rostro y la vi, era Isabela, frente a mí, parecía que aún no despertaba. Si era
un sueño, era el más hermoso que había tenido, sobre todo porque ahora ella me sonreía.
- ¿Me cedes el asiento?
- Claro- le dije y me levanté. No hablé, sólo la contemplé y
así me quedé, hasta que ella.
-¿Qué?-me dijo sonriendo.
-Nada- le respondí.
-Créeme que todo esperaba, menos encontrarte.
-¿Por qué?- sonrió
-Tu sabes- le dije- tu horario de regreso, es a partir de la
medianoche.
-¡Ja jajá!- ¿Y cómo sabes tanto de mí?
-No me preguntes, yo me entiendo- le dije, mientras evitaba
decirle que la busqué tanto que al final terminé enterándome de la verdad.
-Sabes que estoy feliz de verte- le dije mientras ella me
respondía con una sonrisa.
- Tú también alegras mi noche- me dijo mirándome
fijamente a los ojos-pensé regresar
triste a casa, pero ya ves, apareciste
Era otra, no era la misma que vi esa noche cabizbaja y
apesadumbrada, pero no le dije nada sobre lo que había visto, quise que todo
fluyera entre ella y yo sin explicaciones, así que me quedé callado, esperando
que ella me contara, si quería hacerlo. Ambos en realidad teníamos mucho que
explicar, pero la felicidad que sentía no la quería desperdiciar, sobre todo
porque ahora sólo me quedaba una semana.

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