Mi búsqueda
empezó, desde ese día, salía todas las noches a la misma hora de la
universidad. Me sentaba exclusivamente en la parte de atrás, desde donde
observaba todo, gente que conversaba animadamente, otros ensimismados y muchos dormitando. Afuera, en la calle, el parque universitario, a oscuras con muchos noctámbulos merodeando. No me
interesó el reloj del obelisco porque hacía mucho que estaba malogrado. Pero, sí la gente, había muchos pordioseros cargando cartones y periódicos para acomodarse
en las bancas, algunos con niños a su lado. Otros como los pájaros fruteros
parados en grupo, esperando a sus víctimas para robar, ésta era la Lima de los
ochenta, no había trabajo, sólo miseria y en medio de todo eso, yo un loco
enamorado. Una semana pasó y perdí la esperanza de encontrarla. Entonces, decidí tomar
otras acciones, esperar en la avenida Wilson, lugar donde me dijo que estudiaba
secretariado. Una semana pasé esperando en el paradero de la calle Bolivia, hasta que una
noche vislumbré su cabellera lacia de color acaramelado en el bus.
- Es ella- pensé-
está justo en la parte central del bus. Corrí desesperado, igual que otros
muchachos que salían de sus academias, pero tal era el alboroto y los empujones
que apenas sostuve el estribo, lo solté porque el bus arrancó, dejando como a
siete personas delante de mí. Apesadumbrado, sólo vi cómo el carro se iba sin
pretensiones de parar, llevando a varios pasajeros colgados de los estribos y
con ellos la esperanza de verla.
Cogí el último
carro, no había muchos pasajeros, pagué mi pasaje y el cobrador me cobró el
doble.
-¡Ya es madrugada
y es otro precio!- me dijo enojado.
-No te preocupes - le dije, busqué mi billetera y no estaba, me la habían robado, quizás mientras
nos arremolinamos en la puerta del bus.
-¡Me han robado!-
dije en voz alta
-¡Ese cuento ya lo
sé ! - me dijo enfurecido el cobrador- si no tienes, ¡bájate ya!
Rebusqué mis bolsillos y encontré unos rines , que servían para llamar
por teléfono público.
Tengo esto- le
mostré- sabes que vale más que un pasaje,
-¡Pendejo!- me
dijo, mientras guardaba los rines en su bolsillo- la próxima te bajo
Sólo lo miré,
mientras se iba y supe entonces que las noches en Lima eran muy peligrosas y esa no era la manera de encontrarla y planeé
una segunda estrategia: “esperarla en el último paradero”.
-¡Dios, dame una
señal!- me dije- Si no la encuentro, será que no es mi destino y tiraré la
toalla, creeré que fue sólo un evento fortuito del destino.
Era Julio y el
invierno azotaba Lima con un intenso frío, inusual, tiritando esperaba ilusionado
encontrarla y después de dos días, me prometí olvidar esta búsqueda, y así fue, llegó el
día Viernes eran las 12 de la noche cuando desanimado por completo decidí
regresar a casa, pero inesperadamente apareció. Bajó lentamente del bus y
volví a sentir la vida, me quedé sin aliento y mudo. Quise hablar y no pude.
¡Qué torpe!- pensé,
mientras veía como se escapaba de mis manos la única posibilidad de hablarle.
-Hola- susurré- tímidamente,
mientras se me hacía un nudo en la garganta. No podía tampoco gritar, pero se
iba, sin mirarme, sin reconocerme.
-¿Quizás se olvidó de mí?- recordé que sólo unos minutos
la había visto y no fue un tiempo suficiente para recordar mi rostro.
La seguí, unos
metros hasta que pude hablar y decirle
-¿No te acuerdas
de mí?- le hablé lo suficiente cerca
para obligarla a detenerse. Poco a poco dio media vuelta, hasta que me miró
fijamente.
(Continuará…)

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