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jueves, 31 de agosto de 2017

ROMPIENDO LAZOS Cap IV


Era tarde, hacía frío y lloviznaba en la  universidad, sin embargo el salón estaba muy cálido, debido a que el profesor de fotografía, después de clases, nos confesaba de cómo perdió al amor de su vida por una beca a Inglaterra,  en busca de la excelencia profesional.
-Era mi decisión, lo tomaba  o lo dejaba- nos dijo, apesadumbrado- el destino me mostraba una paradoja, decidir lo que haría.
-¡Pero, profe!- interrumpió un amigo- es  fácil, yo en su lugar viajaría, así de simple, se trata de mí y mi futuro profesional.
-¡Sí!- le dijo- el profesor sacándose los lentes y limpiándolos- así es y así lo hice, pero perdí la única oportunidad de seguir con la mujer a la que hasta el día de hoy, considero, fue el amor de mi vida. Hoy soy profesional, gano bien, me buscan todas las empresas de publicidad, pero sigo solo.
Lisa, me cogió de la mano y me miró tiernamente.
-¿Nos amaremos por siempre?- me dijo
La miré fijamente y afirme con mi cabeza, quise explicar el porqué de mis ausencias, pero el profesor nos interrumpió.
-Bueno, hay una productora de cine que desea unos practicantes- preguntó entusiasmado- ¿quién se anima?
Inmediatamente levanté la mano y Lisa se sintió un poco abochornada.
-¡Qué inoportuno!- me dijo, mientras retiraba su mano de la mía- todos nos miran, incluso el profe.
-Sí- le respondí, algo frustrado- tú no necesitas de estas prácticas inútiles, pero yo sí.
-Amor - me respondió- sabes que puedo colocarte en un buen trabajo como la UNESCO.
- No se trata de eso- le repliqué, algo molesto - sabes que necesito salir adelante por mí mismo
- Y lo respeto- me respondió, mirándome fijamente a los ojos- pero a veces es necesario un empujoncito.
La miré, sonreí y la abracé
-Ahora no - le dije, mientras pensaba en lo incierto de mi futuro. 
Cuando  la clase finalizó,  Lisa esperaba en el pasadizo, bromeaba con todos como siempre, no sólo era linda, sino tan sociable que muchos la esperaban para hacer grupo. Ella bromeaba y todos reían. Siempre había algo para celebrar y bromear, su carácter atraía a alumnos y docentes, aunque sus grandes ojos, permanecían fijos en mí, esperándome en el pasadizo, en la puerta del aula o en la entrada principal de la facultad.
Esa tarde el profesor Alberto me pidió que lo esperara, mientras me explicaba en qué consistían las prácticas de cine, Lisa aguardaba afuera, y como siempre no estaba sola y yo escuchando al profe sin mucho entusiasmo, al principio, porque hablaba pausadamente, y me aburría, le calculaba unos 50 años, un poco obeso y con poco cabello.
Cuando salí, todo el grupo estaba detrás de nosotros. No sabía cómo zafarme y  hablar a solas con Lisa. No podía guardar más, lo que me ocurría y pensé en pedirle no terminar la relación, sino en darnos unos días para saber si estábamos enamorados.
Después de hablar, recuerdo que me quedó mirando, parecía tan dueña de sí misma y aún de la situación, que la sentí comprensiva, tanto  que ella misma fijó dos semanas para evaluar si nos extrañamos.
-Tú sabes como soy- me respondió, - espero que sólo sea eso y no otra mujer, porque si es así deberías ser sincero conmigo y no decepcionarme. ¡Nunca te lo perdonaría!
Era el preciso momento para recordarle sobre Oscar, el muchacho de su trabajo, por el que lloró muchos días cuando lo despidieron, sentimientos que nunca me confesó, pero que los guardé como una espina en mi corazón, sobre todo el día que los encontré abrazados, casi besándose, llorando; según ella se despedían, pero al verlos, entendí que los había interrumpido. Nunca me confesó sus sentimientos, siempre los guardó, quizás él no era seguro, ¿me entienden? lo acusaban de mujeriego y eso para una mujer dominante como Lisa era  inaceptable. Entendí que mujeres como ella guardan secretos hasta la muerte, y yo me conformé en ser su pareja, sin reproche
Al despedirnos, observé que el brillo de sus ojos, se opacó, como cuando Oscar se fue, ahora había recelo y hasta amargura. Apenas salí de la universidad, tropecé con infinidad de sentimientos, no sabía lo que pasaría en adelante, sólo supe que alejarme de Lisa, me apartaría de nuestros amigos en común, de nuestras reuniones y fiestas; de contactos de trabajo, de viajes y personajes importantes de la política, me alejaría de un mundo que ahora me parecía superficial. Estaba dispuesto a dejar todo por algo que pensaba que era mío y real.  
Muchos pensarán que estoy loco  al apostar por una desconocida a la que ví una sola vez, o por desear cambiar todo mi mundo, hasta el grado de deshacer una relación de cinco años, relación  que Lisa no pudo terminar cuando conoció a Oscar, pero que ahora, yo me atrevía a hacer. No sé si estaba conforme, pero respiré hondo y salí de la universidad, cerré una puerta y abrí otra que no sabía a dónde me llevaría, quizás a un destino incierto, mi cuerpo se escarapelaba, porque no sabía lo que encontraría,  pero al recordar a esa muchacha tan linda que me confesó sus sentimientos, pensé que valía la pena, si eso significaba encontrar al verdadero amor: a Isabela.  
(Continuará...)
Published: By: manuel - 8:07 a.m.

viernes, 11 de agosto de 2017

"LA CONFESIÓN" Cap III

 -¡Hola – le dije, volteó , me miró y sonrió.
- ¿Qué haces aquí, tan tarde?- frunció el entrecejo
-Bueno, esperando a mi tía- le contesté y créanme, que fue lo primero que se me ocurrió.
-¡Mmm, Ya veo!- me dijo, bajando la cabeza y pateando las hojas del camino- bien me voy rápido, porque me esperan.
- ¿Qué?- pensé – después de tanto esfuerzo por encontrarla y al final tan cerca a ella  y se iba de mi como un suspiro fugaz. Se acercó para darme un beso de despedida y sentí la suavidad de su rostro, deslizarse sobre mi mejilla y quise que el tiempo se detenga por siempre.
-¡Espera!- le dije, pensé en miles de excusas, para que se quedara, pero entendí que tenía que ser sincero, si quería su atención. No podía dejarla ir, tenía que saber de ella, ¿dónde estudiaba?, ¿qué hacía?, ¿trabajaba?, o lo más importante, ¿tenía novio? Al tomarla suavemente de la mano, la sentí cálida y suave pero poco a poco se soltó lentamente de mí. Me miró, caminó unos cuantos pasos y la seguí. Después de unos minutos de caminata en silencio, me dijo un poco sorprendida.
-¿Y tu tía?, ¿no la vas a esperar?
¡Si! –Le dije sonriendo y la miré de frente- sabes que no hay ninguna tía y para ser sincero te he esperado a ti, creo que toda mi vida.
Esas palabras cambiaron la expresión de  su rostro y me miró tiernamente.
-¿Qué cosas, no?- sonrió pícaramente y se detuvo a contemplarme, esperando más expresiones que salen del corazón. Sus ojos acaramelados me observaron atentamente, esbozando una leve sonrisa, aunque de pronto reaccionó.
- ¿Sabes qué? es tarde y mi mamá me espera- miró su reloj.
-Quiero verte, pero no así, necesito tener más tiempo para conocerte – le dije casi suplicando.
- Esta bien – me respondió sonriendo – ¿y me podré ir?
-Sí -le contesté 
-Trabajo en un buffet de abogados como secretaria en la av. wilson, al costado de la torre de lima  y salgo a las 6 de la tarde. ¿Algo más, señor periodista?
-Si- le dije- me falta saber lo más importante, tu nombre.
-¡Isabela! – musitó dulcemente, mientras sus palabras resonaban en mi mente. Me parece que toda fémina sabe cuándo un hombre está encandilado por ella e Isabela, no era la excepción. 
-¿Acaso no me reconoces?- me miró extrañada- Quizás cambié un poquito, pero no tanto.
¡Espera!- le dije- ¿Tú me conoces?
Se dio media vuelta.
-Hablamos otro día, tengo que irme, sabes que mi mamá me espera- caminó apresurada.
Corrí tras ella y me interpuse en su camino.
-Ahora yo estoy intrigado- le dije mientras la detenía- Dame una pista, ¿en qué lugar nos conocímos?
-Jaja- sonrió coquetamente, para después  cambiar su expresión a la seriedad
Tenía 12 años cuando te vi por primera vez, visitaba la casa de unas amigas frente a la tuya y tu apareciste, todo gallardo, saludando a todos, cargabas unos cuadernos, no me hiciste caso, sólo tenías ojos para...
-¿Eras tú la niñita de trenzas? – le dije sonriendo- pero eras tan  flaquita, que parecía que te quebrarías.

- Jajaja,  ¿y ahora cómo me ves? – me dijo, mostrando su esbelta figura. Sabes que fui creciendo y nunca dejé de verte hasta que por fin fijaste tus ojos en mi, pero creo que ahora es demasiado tarde.
- ¿Porqué ?- le dije, mientras le cogí la mano. Ambos nos  estremecimos, como si una descarga eléctrica nos sacudiera y ella se soltó rápidamente. 
-No debes tocarme- me dijo muy seria, aunque sus cejas fruncidas la hacían más bonita- no lo hagas porfavor.
La miré de pies a cabeza y supe que jamás podría dejarla, porque entendí que entre un millón de posibilidades era imposible tan sólo tropezarnos en un bus. Y esta oportunidad que me daba el destino no podía negarlo. Por primera vez en mi vida sabía lo que quería. Esa noche no dejó que la siguiera y se despidió, dejándome con la misma insatisfacción que al principio, pero sentí que me había dado una oportunidad al confesarme que nunca había dejado de verme. Ahora yo lo sentía y lucharía contra todo por conocerla y conquistarla.
Published: By: manuel - 1:03 p.m.