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lunes, 30 de octubre de 2017

LO QUE ES PARA TI...cap VII


Esos días, me ausenté de la universidad, sólo para  buscarla. En las tardes el balcón de mi casa se convirtió en el lugar de mis desazones y de una pena que dolía, allí permanecí sentado, esperando que pase caminando, rumbo al paradero, pero nada, no aparecía,  su ausencia me agobió tanto que cada ocaso del atardecer, me mataba.
Opté por pernoctar  en los paraderos de noche, no me importaba el peligro, ni la hora. Recuerdo que una noche, a la una de la mañana llegó el último bus. Ella no estaba, entonces desesperanzado, regresé a mi casa, allí todo era vacío, desde que  mi madre nos abandonó. No sé si se fue con otro hombre, pero sabía que no era feliz y un día salió y nunca más regresó. Mi padre desde ese día enmudeció, no se dedicó a beber, ni a buscar otra mujer, sólo permaneció en la casa, como esperándola, vivía tan absorto en sus pensamientos, que apenas hablaba. Desde que tuve 8 años aprendí a sentir la soledad y ver a mi progenitor como un alma en pena,  no tenía con quien conversar, no tenía amigos en el barrio y temí  que esa desesperanza lo obligara a anhelar la muerte.
-¡Dios!, ¿por qué no puedo dejar de buscarte Isabela?- pensé.
El último día, mientras esperaba en el paradero,  observé decenas de personas que bajaban, pero ni rastros de ella. No sabía qué hacer y se me ocurrió buscarla en la calle, donde ella vivía, aunque no sabía cuál era su casa.
A las 9 de la noche llegué hasta el lugar donde siempre bajaba, sabía que una de las tres casas era la suya. La primera,  estaba cercada por una enredadera y una reja, que era el único acceso.  Traté de abrirla y un perro enorme se abalanzó ladrando, obligándome a huir.
En la segunda casa vivía una viejita atolondrada que empezó a gritar
-¿Qué quiere?- me dijo.
-Isabela, ¿vive aquí?- le dije casi gritando
- ¿Qué? Por favor –me dijo- ¡No quiero velas!
-¡No, no me entendió!- le contesté ofuscado.
-¡Por favor, váyase antes que llame a la policía!- me amenazó y gritó- ¡Policía, Policía!
No pude visitar la otra casa porque salí huyendo despavorido.
Esa noche mi padre, me sorprendió al llegar tarde a casa, se interesó por mí, quizás habrá sentido mi tormento, pues no quería nada, ni comer, ni ver televisión,  lo detestaba todo, hasta mi vida me aburría.
-Te observó muy abrumado -me dijo- ¿qué pasa en la universidad?
- ¡Nada!- respondí, con evasivas- no hay clases, tú sabes, las huelgas.
-Te veo mucho tiempo en el balcón y sales de noche y regresas tarde- me miró fijamente.
-Sólo me distraigo -Levanté los hombros, lo miré y bajé la cabeza.
-¿Es una mujer?
-Quisiera, pero no me hace caso.
- Hijo- se acercó a mí y me abrazó, yo sentí derrumbarme, como cuando era niño y buscaba consolación - Sólo quiero que entiendas algo que yo apliqué a mi vida.
Lo miré fijamente y  mis ojos se humedecieron.
-No estoy en contra del amor- me dijo y por primera vez, lo vi quebrarse frente a mí y soltar unas lágrimas – entiende una sola cosa:
“Lo que es para ti, no necesitas salir a buscarlo” grábalo en tu mente y te ayudará- me dio una palmada en la espalda y se fue.
Quizás por eso, mi padre nunca salió a buscarla, la dejó ir. Escuchamos que ella viajó a Estados unidos y que vivía bien, quizás sola o con alguien, nunca nos enteramos. Sin embargo, las palabras de mi padre calaron tanto, que entendí que si ella realmente me amaba, algún día regresaría.
Los días fueron pasando y mis heridas sanando, aunque debo confesar que por momentos olía su aroma y la recordaba, pero decidí evitar pensar más, porque me enfermaba.  
El invierno había pasado y la primavera se abría paso con mucha esperanza y yo regresé a la universidad. Había cambiado por completo mi rutina,  me levantaba temprano, corría por el parque, preparaba el desayuno y salía con rumbo a la universidad. 
Recuerdo el primer día,  cuando llegué, todo lucía silencioso y vacío, caminé despacio y vi la puerta entreabierta de la sala de fotografía, supuse que había gente y la abrí suavemente. Sorprendidos voltearon  el profesor de foto y Lisa, al verlos juntos sentí que esa escena ya la había visto con Oscar y de cómo de igual forma, se separaron rápidamente. Ahora era el profesor, quien se hizo a un lado y Lisa sin mirarme lo llamó.
-¡Saúl, no entendí! – se dirigió al profesor con mucha confianza- ¿Cuánto tiempo debe estar la foto en la bandeja?
-¡Ya te dije Lisa!- le contestó un poco abrumado.
Entré saludé y me senté a recortar fotos, todo era silencio, hasta que llegaron los demás y empezó la bulla. Lisa se pasó toda la clase inquieta, haciendo bromas, coqueteando al profesor, llamando la atención de todos hasta que llegó la hora de salida. Me entretuve con un material fotográfico y demoré. Al salir, bajé las escaleras y caminé por un pasadizo que conducía  a la salida, cuando llegué a la puerta, apareció Lisa.
-¡Es momento de hablar!-me dijo, mientras me miraba fijamente con sus grandes ojos.
Yo la miré y asentí con la cabeza, sabía que la decisión estaba en mí y ahora sí sabía qué hacer. 

(Continuará…)
Published: By: manuel - 5:57 p.m.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

LA AGONÍA DEL AMOR capt. VI

Esa tarde conversamos de todo y aún nos faltó tiempo, hasta que llegamos a nuestro destino, entonces Isabela se puso en pie, se acercó, me dio un beso en la mejilla y  pidió que le ceda un espacio para bajar, yo la miré sonriendo, levanté  mis brazos  y me sostuve firmemente de la baranda del  asiento delantero y la miré.
-¡Tienes que pagar para pasar, sino te quedas aquí conmigo!- le dije, mientras ella soltó su cartera, mirándome y frunciendo las cejas.
-¡Así!- me dijo- ¿ves estás manos?
- ¡Claro!- le dije- están muy bonitas.
- No sólo son bonitas- las miró, sonriendo- sino muy hábiles para retirar bultos del camino.
-¿Qué intentas hacer?-le dije temeroso.
-¡Esto!-dijo, mientras tocaba suavemente mis costillas.
-¡No…Nooo!- grité-¡Cosquillas, no!
No aguanté y de un saltó,
salí del asiento
Isabela aprovechó mi descuido,  salió corriendo y fui tras ella, bajó prontamente las escalinatas del bus y se deslizó a través de un parque, lleno de árboles de eucalipto, que eran alumbrados por un sol tenue de invierno,  por momentos volteaba para ver si la seguía y reía tanto que me provocó alcanzarla, estaba tan contenta que me contagió. Supuse que algo había sucedido, ¿quizás había terminado su relación? o, él se fue de viaje, ¿quién sabe?
Llegamos hasta un enramado alto de plantas y allí nos detuvimos, ambos reíamos, la tenía sujeta de las manos, hasta que reparó y me miró fijamente.
-¿Sabes que no podemos ser nada?- me dijo seriamente con los ojos enrojecidos- yo tengo un novio y tú me imagino que también, aunque nunca me lo has contado.
La miré fijamente, deseaba abrazarla, besarla, pero un sentimiento de culpa me invadió, cerré los ojos  y poco a poco solté sus manos.
-¿Lo ves?- dijo- Ambos estamos comprometidos
-¡Isabela, yo!- no pude decir más, bajé la cabeza, era cierto lo que decía, aún no terminaba y me quedaban sólo unos días para decidir.
-¡Quizás, nos queda ser buenos amigos! – me susurro al oído, al verme afligido.
- Y qué le dirías a él, si ve que te tengo sujeta de las manos como ahora- le dije, casi turbado.
-Nada- me susurró, algo perturbada- sólo que eres mi amigo y se acabó, si quiere comprenderá, sino es su problema y sería el inicio de otra pelea y después me rogaría que vuelva, como siempre.  ¿Y tú qué harías?, si fuese lo contrario y ella nos ve tomados de la mano.
-¡Lo mismo que tú!- le respondí, pero sabía que no podría actuar así, habían tantas situaciones de por medio, amigos, trabajo, estudios, y hasta familia. Mis padres siempre preguntaban por Lisa y ella se los había ganado.  Realmente tenía un problema, Isabela no quería nada de compromisos, quería seguir con él y jugar conmigo.
-¿Lo quieres?- le pregunté sin tapujos.
-No te voy a decir- me dijo, apartándose de mi lado
-Pero es un viejo
-¿Qué?- se sorprendió y me miró enojada.
-Tendrá treinta y tantos- le increpé irritado
-¿Cómo sabes?, me has estado espiando.
-Eso no importa, ahora
- Tú no entiendes, él me ayuda, ¿comprendes?a mí, a mi familia
-¡Ahh!¿Es por dinero?
-¡Nooo!
-Es mi jefe, trabajo para él- empezó a desesperarse.
-¡Entiendo!, le debes, por eso estás con él
-¡Tú... eres un idiota, no me comprendes!- gritó, me empujó y salió corriendo.
Me quedé parado viendo cómo se iba, hasta que desapareció, no hice nada, estaba tan desconsolado que me senté en un banco, escuchando como las aves se acurrucaban en sus nidos, el día moría, la noche  nacía y mi amor por Isabela perecía.



Published: By: manuel - 9:54 a.m.

lunes, 18 de septiembre de 2017

UNA SEMANA capt V


LA DESILUSIÓN
Al día siguiente la busqué, esperé pacientemente en la avenida Wilson, cerca de la torre de Lima, tiritando de frío y soportando una llovizna intensa que mojó por completo mi rostro, eran las siete de la noche cuando pasó cerca de mí, caminaba sin mirar, llevaba un pequeño bolso y vestía un vestido ceñido de color rosado, que encajaba perfectamente con su cabello acaramelado; La noche para mí se volvió una poesía al verla y mientras la seguía, logré exclamar su nombre.
-¡Isabela, Isabela!- no me escuchó, pues mi voz se confundió entre el bullicio de la gente.
Fui tras ella, pero  como si la gente se confabulara en mi contra tropezaba conmigo, impidiéndome acercarme, hasta que justo a unos metros para alcanzarla, levantó la mano y saludó en dirección opuesta a la mía.
-¡Aquí, aquí estoy!- dijo levantando su mano.
Del otro lado un joven de cabello ondulado, tez blanca y rostro enfadado la miró y ella acercándose se empinó y le dio un beso en la boca, él parecía enojado, le mostró el reloj de su muñeca y  tocaba con el índice insistentemente, su rostro no era nada amigable, la cogió de la mano y la llevó a través de las calles, casi jalándola. La vi humillada, siguiéndolo con el rostro desencajado y la mirada al suelo.
-¿Cómo intervenir?-pensé, mientras deseaba ser yo, él que la llevaba de la mano y que en vez de caminar humillada, vaya feliz, sonriendo, como lo hacía conmigo.
Perdí la cuenta del tiempo, siguiéndolos, estaba tan impactado que conforme caminaba los latidos de mi corazón disminuían, no tenía ojos para nadie, ni para nada, sólo los seguía, por inercia, hasta  que los perdí entre el gentío y dejé de seguirlos. Crucé la avenida Wilson atiborrado de buses y autos y me perdí entre el gentío.
Los días siguientes no tuve apetito, ni sueño, me encerré en mi cuarto y perdí el gusto por la calle, pero tenía que regresar  a la universidad. Poco a poco entré al salón y  Lisa  me lanzó una mirada despectiva y así continuó durante toda la clase, llamando la atención de todos, hasta del profesor. Casi toda la tarde se las pasó interviniendo y lanzando comentarios graciosos. Al salir convocó a una reunión en la cafetería
-Chicos, chicas que tal si pedimos cafecito inglés para todos- cogió de la mano a Suseth y todos la siguieron, menos yo, que sentí que no  ataba ni desataba al reunirnos todos y con ella. No podía dejarla mal parada, porque nadie sabía que habíamos terminado y entonces inventé una excusa.
- Yo lo siento – dije, mientras miraba el reloj- hoy no puedo, pero les juro que lo compensaré invitándoles una cafecito para todos. ¿Qué les parece?
-¡Bien!- gritaron todos.

Me alejé de todos y vi a Lisa abrazada de Suseth, ambas reían animosamente, mientras que yo salía apenado. Eran las 6 de la tarde, demasiado temprano, además era la primera vez que salía así de la universidad, ya que todas los atardeceres los pasaba con Lisa, abrazados, besándonos, compartiendo chistes, riéndonos de los profesores, de nuestros amigos, hablando de las tareas y de cómo conquistaríamos al mundo. Ahora me alejaba de ella, del grupo y encima completamente desilusionado, sin esperanza  porque Isabela tenía un novio y me dolía
Subí al bus, me senté y mientras  miraba las fábricas de la avenida colonial, me cogió el sueño. Hasta que sentí que alguien tocó mi hombro, levante el rostro y la vi, era Isabela, frente a mí, parecía que aún no despertaba. Si era un sueño, era el más hermoso que había tenido, sobre todo porque ahora ella me sonreía.
- ¿Me cedes el asiento?
- Claro- le dije y me levanté. No hablé, sólo la contemplé y así me quedé, hasta que ella.
-¿Qué?-me dijo sonriendo.
-Nada- le respondí.
-Créeme que todo esperaba, menos encontrarte.  
-¿Por qué?- sonrió
-Tu sabes- le dije- tu horario de regreso, es a partir de la medianoche.
-¡Ja jajá!- ¿Y cómo sabes tanto de mí?
-No me preguntes, yo me entiendo- le dije, mientras evitaba decirle que la busqué tanto que al final terminé enterándome de la verdad.
-Sabes que estoy feliz de verte- le dije mientras ella me respondía con una sonrisa.
- Tú también alegras mi noche- me dijo mirándome fijamente  a los ojos-pensé regresar triste a casa, pero ya ves, apareciste
Era otra, no era la misma que vi esa noche cabizbaja y apesadumbrada, pero no le dije nada sobre lo que había visto, quise que todo fluyera entre ella y yo sin explicaciones, así que me quedé callado, esperando que ella me contara, si quería hacerlo. Ambos en realidad teníamos mucho que explicar, pero la felicidad que sentía no la quería desperdiciar, sobre todo porque ahora sólo me quedaba una semana.



Published: By: manuel - 12:04 p.m.

jueves, 31 de agosto de 2017

ROMPIENDO LAZOS Cap IV


Era tarde, hacía frío y lloviznaba en la  universidad, sin embargo el salón estaba muy cálido, debido a que el profesor de fotografía, después de clases, nos confesaba de cómo perdió al amor de su vida por una beca a Inglaterra,  en busca de la excelencia profesional.
-Era mi decisión, lo tomaba  o lo dejaba- nos dijo, apesadumbrado- el destino me mostraba una paradoja, decidir lo que haría.
-¡Pero, profe!- interrumpió un amigo- es  fácil, yo en su lugar viajaría, así de simple, se trata de mí y mi futuro profesional.
-¡Sí!- le dijo- el profesor sacándose los lentes y limpiándolos- así es y así lo hice, pero perdí la única oportunidad de seguir con la mujer a la que hasta el día de hoy, considero, fue el amor de mi vida. Hoy soy profesional, gano bien, me buscan todas las empresas de publicidad, pero sigo solo.
Lisa, me cogió de la mano y me miró tiernamente.
-¿Nos amaremos por siempre?- me dijo
La miré fijamente y afirme con mi cabeza, quise explicar el porqué de mis ausencias, pero el profesor nos interrumpió.
-Bueno, hay una productora de cine que desea unos practicantes- preguntó entusiasmado- ¿quién se anima?
Inmediatamente levanté la mano y Lisa se sintió un poco abochornada.
-¡Qué inoportuno!- me dijo, mientras retiraba su mano de la mía- todos nos miran, incluso el profe.
-Sí- le respondí, algo frustrado- tú no necesitas de estas prácticas inútiles, pero yo sí.
-Amor - me respondió- sabes que puedo colocarte en un buen trabajo como la UNESCO.
- No se trata de eso- le repliqué, algo molesto - sabes que necesito salir adelante por mí mismo
- Y lo respeto- me respondió, mirándome fijamente a los ojos- pero a veces es necesario un empujoncito.
La miré, sonreí y la abracé
-Ahora no - le dije, mientras pensaba en lo incierto de mi futuro. 
Cuando  la clase finalizó,  Lisa esperaba en el pasadizo, bromeaba con todos como siempre, no sólo era linda, sino tan sociable que muchos la esperaban para hacer grupo. Ella bromeaba y todos reían. Siempre había algo para celebrar y bromear, su carácter atraía a alumnos y docentes, aunque sus grandes ojos, permanecían fijos en mí, esperándome en el pasadizo, en la puerta del aula o en la entrada principal de la facultad.
Esa tarde el profesor Alberto me pidió que lo esperara, mientras me explicaba en qué consistían las prácticas de cine, Lisa aguardaba afuera, y como siempre no estaba sola y yo escuchando al profe sin mucho entusiasmo, al principio, porque hablaba pausadamente, y me aburría, le calculaba unos 50 años, un poco obeso y con poco cabello.
Cuando salí, todo el grupo estaba detrás de nosotros. No sabía cómo zafarme y  hablar a solas con Lisa. No podía guardar más, lo que me ocurría y pensé en pedirle no terminar la relación, sino en darnos unos días para saber si estábamos enamorados.
Después de hablar, recuerdo que me quedó mirando, parecía tan dueña de sí misma y aún de la situación, que la sentí comprensiva, tanto  que ella misma fijó dos semanas para evaluar si nos extrañamos.
-Tú sabes como soy- me respondió, - espero que sólo sea eso y no otra mujer, porque si es así deberías ser sincero conmigo y no decepcionarme. ¡Nunca te lo perdonaría!
Era el preciso momento para recordarle sobre Oscar, el muchacho de su trabajo, por el que lloró muchos días cuando lo despidieron, sentimientos que nunca me confesó, pero que los guardé como una espina en mi corazón, sobre todo el día que los encontré abrazados, casi besándose, llorando; según ella se despedían, pero al verlos, entendí que los había interrumpido. Nunca me confesó sus sentimientos, siempre los guardó, quizás él no era seguro, ¿me entienden? lo acusaban de mujeriego y eso para una mujer dominante como Lisa era  inaceptable. Entendí que mujeres como ella guardan secretos hasta la muerte, y yo me conformé en ser su pareja, sin reproche
Al despedirnos, observé que el brillo de sus ojos, se opacó, como cuando Oscar se fue, ahora había recelo y hasta amargura. Apenas salí de la universidad, tropecé con infinidad de sentimientos, no sabía lo que pasaría en adelante, sólo supe que alejarme de Lisa, me apartaría de nuestros amigos en común, de nuestras reuniones y fiestas; de contactos de trabajo, de viajes y personajes importantes de la política, me alejaría de un mundo que ahora me parecía superficial. Estaba dispuesto a dejar todo por algo que pensaba que era mío y real.  
Muchos pensarán que estoy loco  al apostar por una desconocida a la que ví una sola vez, o por desear cambiar todo mi mundo, hasta el grado de deshacer una relación de cinco años, relación  que Lisa no pudo terminar cuando conoció a Oscar, pero que ahora, yo me atrevía a hacer. No sé si estaba conforme, pero respiré hondo y salí de la universidad, cerré una puerta y abrí otra que no sabía a dónde me llevaría, quizás a un destino incierto, mi cuerpo se escarapelaba, porque no sabía lo que encontraría,  pero al recordar a esa muchacha tan linda que me confesó sus sentimientos, pensé que valía la pena, si eso significaba encontrar al verdadero amor: a Isabela.  
(Continuará...)
Published: By: manuel - 8:07 a.m.

viernes, 11 de agosto de 2017

"LA CONFESIÓN" Cap III

 -¡Hola – le dije, volteó , me miró y sonrió.
- ¿Qué haces aquí, tan tarde?- frunció el entrecejo
-Bueno, esperando a mi tía- le contesté y créanme, que fue lo primero que se me ocurrió.
-¡Mmm, Ya veo!- me dijo, bajando la cabeza y pateando las hojas del camino- bien me voy rápido, porque me esperan.
- ¿Qué?- pensé – después de tanto esfuerzo por encontrarla y al final tan cerca a ella  y se iba de mi como un suspiro fugaz. Se acercó para darme un beso de despedida y sentí la suavidad de su rostro, deslizarse sobre mi mejilla y quise que el tiempo se detenga por siempre.
-¡Espera!- le dije, pensé en miles de excusas, para que se quedara, pero entendí que tenía que ser sincero, si quería su atención. No podía dejarla ir, tenía que saber de ella, ¿dónde estudiaba?, ¿qué hacía?, ¿trabajaba?, o lo más importante, ¿tenía novio? Al tomarla suavemente de la mano, la sentí cálida y suave pero poco a poco se soltó lentamente de mí. Me miró, caminó unos cuantos pasos y la seguí. Después de unos minutos de caminata en silencio, me dijo un poco sorprendida.
-¿Y tu tía?, ¿no la vas a esperar?
¡Si! –Le dije sonriendo y la miré de frente- sabes que no hay ninguna tía y para ser sincero te he esperado a ti, creo que toda mi vida.
Esas palabras cambiaron la expresión de  su rostro y me miró tiernamente.
-¿Qué cosas, no?- sonrió pícaramente y se detuvo a contemplarme, esperando más expresiones que salen del corazón. Sus ojos acaramelados me observaron atentamente, esbozando una leve sonrisa, aunque de pronto reaccionó.
- ¿Sabes qué? es tarde y mi mamá me espera- miró su reloj.
-Quiero verte, pero no así, necesito tener más tiempo para conocerte – le dije casi suplicando.
- Esta bien – me respondió sonriendo – ¿y me podré ir?
-Sí -le contesté 
-Trabajo en un buffet de abogados como secretaria en la av. wilson, al costado de la torre de lima  y salgo a las 6 de la tarde. ¿Algo más, señor periodista?
-Si- le dije- me falta saber lo más importante, tu nombre.
-¡Isabela! – musitó dulcemente, mientras sus palabras resonaban en mi mente. Me parece que toda fémina sabe cuándo un hombre está encandilado por ella e Isabela, no era la excepción. 
-¿Acaso no me reconoces?- me miró extrañada- Quizás cambié un poquito, pero no tanto.
¡Espera!- le dije- ¿Tú me conoces?
Se dio media vuelta.
-Hablamos otro día, tengo que irme, sabes que mi mamá me espera- caminó apresurada.
Corrí tras ella y me interpuse en su camino.
-Ahora yo estoy intrigado- le dije mientras la detenía- Dame una pista, ¿en qué lugar nos conocímos?
-Jaja- sonrió coquetamente, para después  cambiar su expresión a la seriedad
Tenía 12 años cuando te vi por primera vez, visitaba la casa de unas amigas frente a la tuya y tu apareciste, todo gallardo, saludando a todos, cargabas unos cuadernos, no me hiciste caso, sólo tenías ojos para...
-¿Eras tú la niñita de trenzas? – le dije sonriendo- pero eras tan  flaquita, que parecía que te quebrarías.

- Jajaja,  ¿y ahora cómo me ves? – me dijo, mostrando su esbelta figura. Sabes que fui creciendo y nunca dejé de verte hasta que por fin fijaste tus ojos en mi, pero creo que ahora es demasiado tarde.
- ¿Porqué ?- le dije, mientras le cogí la mano. Ambos nos  estremecimos, como si una descarga eléctrica nos sacudiera y ella se soltó rápidamente. 
-No debes tocarme- me dijo muy seria, aunque sus cejas fruncidas la hacían más bonita- no lo hagas porfavor.
La miré de pies a cabeza y supe que jamás podría dejarla, porque entendí que entre un millón de posibilidades era imposible tan sólo tropezarnos en un bus. Y esta oportunidad que me daba el destino no podía negarlo. Por primera vez en mi vida sabía lo que quería. Esa noche no dejó que la siguiera y se despidió, dejándome con la misma insatisfacción que al principio, pero sentí que me había dado una oportunidad al confesarme que nunca había dejado de verme. Ahora yo lo sentía y lucharía contra todo por conocerla y conquistarla.
Published: By: manuel - 1:03 p.m.

miércoles, 12 de julio de 2017

LA BÚSQUEDA capt II



Mi búsqueda empezó, desde ese día, salía todas las noches a la misma hora de la universidad. Me sentaba exclusivamente en la parte de atrás, desde donde observaba todo, gente que conversaba animadamente, otros ensimismados y muchos dormitando. Afuera, en la calle, el parque universitario, a oscuras con muchos noctámbulos merodeando. No me interesó el reloj del obelisco porque hacía mucho que estaba malogrado. Pero, sí la gente, había muchos pordioseros cargando cartones y periódicos para acomodarse en las bancas, algunos con niños a su lado. Otros como los pájaros fruteros parados en grupo, esperando a sus víctimas para robar, ésta era la Lima de los ochenta, no había trabajo, sólo miseria y en medio de todo eso, yo un loco enamorado. Una semana pasó y perdí la esperanza de encontrarla. Entonces, decidí tomar otras acciones, esperar en la avenida Wilson, lugar donde me dijo que estudiaba secretariado. Una semana pasé esperando en el paradero de la calle Bolivia, hasta que una noche vislumbré su cabellera lacia de color acaramelado en el bus.
- Es ella- pensé- está justo en la parte central del bus. Corrí desesperado, igual que otros muchachos que salían de sus academias, pero tal era el alboroto y los empujones que apenas sostuve el estribo, lo solté porque el bus arrancó, dejando como a siete personas delante de mí. Apesadumbrado, sólo vi cómo el carro se iba sin pretensiones de parar, llevando a varios pasajeros colgados de los estribos y con ellos la esperanza de verla.
Cogí el último carro, no había muchos pasajeros, pagué mi pasaje y el cobrador me cobró el doble.
-¡Ya es madrugada y es otro precio!- me dijo enojado.
-No te preocupes - le dije, busqué mi billetera y no estaba, me la habían robado, quizás mientras nos arremolinamos en la puerta del bus.
-¡Me han robado!- dije en voz alta
-¡Ese cuento ya lo sé ! -  me dijo enfurecido el cobrador- si no tienes, ¡bájate ya!
Rebusqué mis bolsillos y  encontré unos rines , que servían para llamar por teléfono público.
Tengo esto- le mostré- sabes que vale más que un pasaje,
-¡Pendejo!- me dijo, mientras guardaba los rines en su bolsillo- la próxima te bajo
Sólo lo miré, mientras se iba y supe entonces que las noches en Lima eran muy peligrosas y esa no era la manera de encontrarla y planeé una segunda estrategia: “esperarla en el último paradero”.
-¡Dios, dame una señal!- me dije- Si no la encuentro, será que no es mi destino y tiraré la toalla, creeré que fue sólo un evento fortuito del destino.
Era Julio y el invierno azotaba Lima con un intenso frío, inusual, tiritando esperaba ilusionado encontrarla y después de dos días, me prometí olvidar esta búsqueda, y así fue, llegó el día Viernes eran las 12 de la noche cuando desanimado por completo decidí regresar a casa, pero inesperadamente apareció. Bajó lentamente del bus y volví a sentir la vida, me quedé sin aliento y mudo. Quise hablar y no pude.
¡Qué torpe!- pensé, mientras veía como se escapaba de mis manos la única posibilidad de hablarle.
-Hola- susurré- tímidamente, mientras se me hacía un nudo en la garganta. No podía tampoco gritar, pero se iba, sin mirarme, sin reconocerme.
-¿Quizás se  olvidó de mí?- recordé que sólo unos minutos la había visto y no fue un tiempo suficiente para recordar mi rostro.
La seguí, unos metros hasta que pude hablar y decirle
-¿No te acuerdas de mí?-  le hablé lo suficiente cerca para obligarla a detenerse. Poco a poco dio media vuelta, hasta que me miró fijamente.

(Continuará…)
Published: By: manuel - 9:20 a.m.

martes, 4 de julio de 2017

"LA DESCONOCIDA" capítulo I


Mi nombre es Javier, soy un estudiante universitario, de cabellera larga, buen parecer, vestimenta holgada; de jeans, polo y zapatillas. Pago medio pasaje y casi todos los días pierdo horas, viajando y regresando de mi "alma mater". 
Confieso que la universidad fue mi segundo hogar, lugar donde siempre me esperaba María, una chica linda de ojos grandes con una personalidad encantadora que me hacía reír. ¿Qué más podía pedir? realmente tenía todo lo que se puede desear, amigos, la chica más popular, era un alumno promedio con trabajo estable en una productora de cine.
Todo iba bien, hasta que una noche algo extraño me sucedió, iba sentado en el bus y viajaba cansado, dormitando. Eran aproximadamente las once de la noche y como siempre las mismas personas desesperadas, pugnando por subir a un bus lleno, con un cobrador exigente que porfiaba que había suficiente espacio, aunque todos iban apretados. 
Acomodé mi folder sobre mis rodillas y estiré mis piernas. Esa noche no quise ceder el asiento a nadie, ni levantar la cabeza por temor a encontrar la mirada de alguna mujer adulta, suplicando con sus ojos tiernos que le ceda el asiento, situación a la que no me podía negar. Así que cerré mis ojos, pero sentí que alguien me miraba y me incomodaba. Pensé que esto le ocurre a  muchos, que cuando alguien te mira insistentemente te perturba, obligándote a mirar. Yo lo sentí,  pero me resistí a abrir los ojos, aunque no pude aguantar la curiosidad y atisbé por el reflejo de  la ventana y vi un rostro dulce cuya mirada chocó con la mía. Evité aquel encuentro y cerré más los ojos.
Mi destino estaba cerca  y muchos bajaban, incluso el señor pesado que me acompañó con la siesta, se levantó y al rato en su lugar, sentí una fragancia deliciosa, era de mujer, no percibí cuando se sentó, no apoyo ningún peso en mí, sino que mantenía su distancia. Quise voltear y verla, pero resistí. Quería escuchar la palabra mágica: “último paradero” para abrir los ojos y bajar,  pero la curiosidad me embargó antes y miré. No debí hacerlo, porque desde ese momento, me quedé prendado de ese rostro, el más bello que había visto. Su presencia me desconcertó tanto que no pude decir nada. Ella sintió mi mirada y al verme sonrió.
-¿Qué hora tienes? – me preguntó, con una voz muy delicada.
Miré la hora eran las doce de la noche. 
¡Dios¡ – me dije a mi mismo- es demasiado tarde. La miré fijamente  y descubrí unos lindos ojos acaramelados y una sonrisa perfecta, acompañada de un ligero cerquillo sobre la frente .
-Las doce – le respondí y no atiné a decir más. 
-¡Que bruto soy! – pensé, era mi oportunidad para empezar a conocerla, pero me quedé callado.
Sin embargo ella continuó
- ¿Vienes de estudiar?
-¡Sí!- le dije, algo más sereno y repregunté- Es muy tarde,  ¿no crees?
-Sí – me respondió- el carro demora demasiado.
-Bueno, es verdad
-“Último paradero”- interrumpió el cobrador. Era la primera vez que esa palabra que tanto anhelaba escuchar ahora la odiaba. Ella se levantó giró su rostro y me preguntó
-¿Bajamos?
-¡Claro! – le respondí, emocionado. Y más al ver que al pararse era tan alta como yo. Para mi era perfecta.
Mientras caminamos, averigüé que era una estudiante de secretariado y que trabajaba en un bufete de abogados en la avenida Wilson. No quise interrumpirla, quería vivir ese momento intensamente sólo caminamos unos minutos y parecía que ya la conocía. Ella sonreía de todo lo que le comentaba, me miraba una y otra vez como preguntándome: ¿Acaso no me reconoces? Créanme que busqué en mis recuerdos y juraría que no la conocía. Al menos no, a la chica que estaba a mi lado. Todo iba bien  hasta que la noté inquieta
- Mi mamá siempre me viene a buscar- me dijo, mirándome fijamente a los ojos.
- ¡Justo allí está!- señaló unos árboles y debajo una señora como de 45 años, parada, nos observaba con los brazos cruzados, enojada . Quise quedar en verla otro día, pero se despidió abruptamente.  No pude decirle nada y sólo vi que corría apresurada, dejando tras sí, sólo su aroma, tan encantador. Su mamá, le esperaba molesta, le increpó y ella sólo le explicaba moviendo las manos abruptamente. la mamá no le hizo caso y caminó dejándola atrás, por un instante, reparó y volteó a mirarme, sólo sonrió. Al verla caminar, alejándose de mí, sentí que algo me fue arrancado y supe ese momento que nunca podría descansar hasta no recuperar esas emociones que ella había despertado en mí. Esa noche regresé a casa completamente desconcertado. No sabía nada de ella, ni su nombre o dirección, ni en qué lugar trabajaba. Sólo tenía un dato que me permitiría volverla a ver,  subir al bus de  las 11 de la noche.
(Continuará...)
Published: By: manuel - 11:28 a.m.