Era tarde, hacía frío y lloviznaba en la universidad, sin embargo el salón estaba muy cálido, debido a que el profesor de fotografía, después de clases, nos confesaba de cómo perdió al amor de su vida por una beca a Inglaterra, en busca de la excelencia profesional.
-Era mi decisión, lo tomaba
o lo dejaba- nos dijo, apesadumbrado- el destino me mostraba una paradoja, decidir lo que haría.
-¡Pero, profe!- interrumpió un amigo- es fácil, yo en su lugar viajaría, así de simple, se trata de mí
y mi futuro profesional.
-¡Sí!- le dijo- el profesor sacándose los lentes y
limpiándolos- así es y así lo hice, pero perdí la única oportunidad de seguir
con la mujer a la que hasta el día de hoy, considero, fue el amor de mi vida. Hoy
soy profesional, gano bien, me buscan todas las empresas de publicidad,
pero sigo solo.
Lisa, me cogió de la mano y me miró tiernamente.
-¿Nos amaremos por siempre?- me dijo
La miré fijamente y afirme con mi cabeza, quise explicar el
porqué de mis ausencias, pero el profesor nos interrumpió.
-Bueno, hay una productora de cine que desea unos
practicantes- preguntó entusiasmado- ¿quién se anima?
Inmediatamente levanté la mano y Lisa se sintió un poco abochornada.
-¡Qué inoportuno!- me dijo, mientras retiraba su mano de la mía- todos nos miran, incluso el profe.
-Sí- le respondí, algo frustrado- tú no necesitas de estas prácticas inútiles, pero yo sí.
-Amor - me respondió- sabes que puedo colocarte en un buen trabajo como la UNESCO.
- No se trata de eso- le repliqué, algo molesto - sabes que necesito salir adelante por mí mismo
- Y lo respeto- me respondió, mirándome fijamente a los ojos- pero a veces es necesario un empujoncito.
La miré, sonreí y la abracé
-Ahora no - le dije, mientras pensaba en lo incierto de mi futuro.
-¡Qué inoportuno!- me dijo, mientras retiraba su mano de la mía- todos nos miran, incluso el profe.
-Sí- le respondí, algo frustrado- tú no necesitas de estas prácticas inútiles, pero yo sí.
-Amor - me respondió- sabes que puedo colocarte en un buen trabajo como la UNESCO.
- No se trata de eso- le repliqué, algo molesto - sabes que necesito salir adelante por mí mismo
- Y lo respeto- me respondió, mirándome fijamente a los ojos- pero a veces es necesario un empujoncito.
La miré, sonreí y la abracé
-Ahora no - le dije, mientras pensaba en lo incierto de mi futuro.
Cuando la clase finalizó, Lisa esperaba en el pasadizo,
bromeaba con todos como siempre, no sólo era linda, sino tan sociable que muchos la esperaban para hacer grupo. Ella
bromeaba y todos reían. Siempre había algo para celebrar y bromear, su carácter atraía a alumnos y docentes, aunque sus grandes ojos, permanecían fijos en mí,
esperándome en el pasadizo, en la puerta del aula o en la entrada principal de la facultad.
Esa tarde el profesor Alberto me pidió que lo esperara, mientras me explicaba en qué consistían las prácticas de cine, Lisa aguardaba afuera, y como siempre no estaba sola y yo escuchando al profe sin mucho entusiasmo, al principio, porque hablaba pausadamente, y me aburría, le calculaba unos 50 años, un poco obeso y con poco cabello.
Esa tarde el profesor Alberto me pidió que lo esperara, mientras me explicaba en qué consistían las prácticas de cine, Lisa aguardaba afuera, y como siempre no estaba sola y yo escuchando al profe sin mucho entusiasmo, al principio, porque hablaba pausadamente, y me aburría, le calculaba unos 50 años, un poco obeso y con poco cabello.
Cuando salí, todo el grupo estaba detrás de nosotros. No
sabía cómo zafarme y hablar a solas con
Lisa. No podía guardar más, lo que
me ocurría y pensé en pedirle no terminar la relación, sino en darnos unos días
para saber si estábamos enamorados.
Después de hablar, recuerdo que me quedó
mirando, parecía tan dueña de sí misma y aún de la situación, que la sentí comprensiva, tanto que ella misma fijó
dos semanas para evaluar si nos extrañamos.
-Tú sabes como soy- me respondió, - espero que sólo sea eso
y no otra mujer, porque si es así deberías ser sincero conmigo y no
decepcionarme. ¡Nunca te lo perdonaría!
Era el preciso momento para recordarle sobre Oscar, el muchacho de su trabajo, por el que lloró muchos días cuando lo despidieron, sentimientos que nunca me confesó, pero que los guardé como una espina en mi corazón, sobre todo el día que los encontré abrazados, casi besándose, llorando; según ella se despedían, pero al verlos, entendí que los había interrumpido. Nunca me confesó sus sentimientos, siempre los guardó, quizás él no era seguro, ¿me entienden? lo acusaban de mujeriego y eso para una mujer dominante como Lisa era inaceptable. Entendí que mujeres como ella guardan secretos hasta la muerte, y yo me conformé en ser su pareja, sin reproche
Al despedirnos, observé que el brillo de sus ojos, se opacó, como cuando Oscar se fue, ahora había recelo y hasta amargura. Apenas salí de la universidad, tropecé con infinidad de sentimientos,
no sabía lo que pasaría en adelante, sólo supe que alejarme de Lisa, me apartaría de nuestros
amigos en común, de nuestras reuniones y fiestas; de contactos de trabajo, de viajes y personajes importantes de la política, me alejaría de un mundo que ahora me parecía superficial. Estaba dispuesto a dejar todo por algo que pensaba que era mío y real.
Muchos pensarán que estoy loco al apostar por una desconocida a la que ví una sola vez, o por desear cambiar todo mi mundo, hasta el grado de deshacer una relación de cinco años, relación que Lisa no pudo terminar cuando conoció a Oscar, pero que ahora, yo me atrevía a hacer. No sé si estaba conforme, pero respiré hondo y salí
de la universidad, cerré una puerta y abrí otra que no sabía a dónde me
llevaría, quizás a un destino incierto, mi cuerpo se escarapelaba, porque no sabía lo que encontraría, pero al recordar a esa muchacha tan linda que me confesó sus sentimientos, pensé que valía la pena, si eso significaba encontrar al verdadero amor: a Isabela.
(Continuará...)

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